Cuentacuentos . Celebración del Día del libro. Abril 2017.

Con la primavera y, como en años anteriores,  hemos vuelto a contar con la presencia de Raúl, el Cuentacuentos que nos ofrece la editorial Vicens-Vives.

La actividad se dirigió a los cursos de 1º y 2º de ESO.

 

 

 

 

 

 

 

 

El tiempo pasó muy rápido entre relatos e historias… Gracias a nuestros alumnos por su excelente comportamiento.

Alberto Hidalgo, de 2º de ESO, nos ha dicho:

Me han gustado mucho los relatos, sobre todo aquellos que hablaban de sentimientos y virtudes de los seres humanos. El cuentacuentos era muy bueno, contaba muy bien las historias e interpretaba a los personajes. Uno de los relatos que más me gustó fue el que trataba del amor ciego…

 

Por otro lado, Yasmina Lavinia Nicolescu, también de 2º curso,  nos ha dado las gracias por esta actividad y nos pide que volvamos a realizarla el próximo curso.

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Concurso de Cuentos navideños 2016-2017. Ganadores.

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Esto son los ganadores del concurso de Cuentos navideños de este año. Enhorabuena a todos y, especialmente, a los ganadores.

Primer premio,  Eduardo Sáenz Sacristán, 3º ESO

 

MARTÍN, GONZALO Y BENJAMÍN

“Una historia os voy a contar y debe ser oída en fechas de Navidad:
Unos cuantos inviernos atrás, en un lugar muy lejano, compartían su
infancia tres niños llamados Martín, Gonzalo y Benjamín. Martín, era
el mayor de los tres, apenas tenía 15 años y ya le asomaba la barba,
era serio, fuerte y confiaba mucho en sí mismo; Gonzalo, tenía un fino
cabello rojo como el atardecer, era el más tímido, pero también el más
astuto; por último, Benjamín, tenía la tez oscura como la noche, pero
un rostro sereno y avivado con unos grandes ojos saltones, era el
menor de los tres, pero también el más valiente y audaz. Juntos
pasaban grandes ratos, se conocían a la perfección, se querían como
hermanos.En su pueblo se narraba una historia muy bien conocida ya por
los tres muchachos, hablaba de sus antepasados: al parecer, los tres
tatarabuelos de los niños eran grandes sabios que emprendieron un
largo viaje hasta las tierras de Jerusalén para adorar al niño Dios.
Martín, Gonzalo y Benjamín se llevaban muy bien y compartían la misma
inquietud: ¿sería cierta la leyenda de la que tanto les habían hablado
sus familias? Sólo había una forma de averiguarlo, y los tres llegaron
a la misma conclusión, viajarían hasta Jerusalén para comprobar si
existía una narración similar entre los jerosolimitanos, si era así,
podrían sentirse orgullosos de sus antepasados sin tener ningún tipo
de duda ni desconfianza. Después de explicarles a sus familias la idea
del viaje, éstas les dieron su consentimiento. Pero a quienes más les
costó decidirse a partir, ya que se les hacía muy dura la idea de
pensar en dejar atrás a sus familias y a sus otros amigos, fue a los
niños. Martín, acababa de entrar en el trance de la bella flor de la
adolescencia y como consecuencia, no paraba de pensar en una de sus
amigas. Gonzalo tenía un perrito al que cuidaba todos los días como si
fuese su bien más preciado. Benjamín, por su parte, simplemente sabía
que iba a echar mucho de menos a los suyos, sin embargo, se moría de
ganas por comenzar esta nueva aventura y salir de su tierra para
conocer mundo.
Y por fin, en una fresca mañana de otoño, emprendieron el tan ansiado
viaje que les revelaría la verdad sobre la leyenda de los tres sabios.

El primer día, atravesaron la comarca y entraron en otra provincia, fue
una jornada soleada, digna de un comienzo de buen augurio. Los días
posteriores llegaron acompañados de un poco de lluvia, pero en ningún
momento el sol dejó de iluminar el camino de los tres jóvenes. Después
de algunas semanas el avanzado otoño se hizo notar valiéndose de
fuertes vientos que sacudían los árboles para hacerse con toda su
producción anual de hojas. Hasta entonces a los tres muchachos no les
habían faltado provisiones, cuando el camino les llevaba a algún
pueblo, ayudaban allí al vecindario a cambio de alojamiento durante la
noche y algunos víveres para los días próximos. En algunos de los
pueblos a los que habían arribado, preguntaban a sus lugareños acerca
de la leyenda de sus antepasados, y en algunos incluso les dijeron que
sus tatarabuelos, al igual que ellos, se habían hospedado allí. Cuando
caía la noche y no se encontraban cerca de ningún pueblo, buscaban una
zona refugiada y dormían ahí, montaban turnos de guardia para
protegerse y mantener viva la hoguera.

A medida que iban pasando los días, los tres niños se encontraban más
lejos de sus hogares, pero ellos ya lo habían asumido, estaban muy
unidos y sabían que debían estarlo, el viaje les hizo madurar, les
enseñó a ver las cosas desde distintos puntos de vista, vieron
distintos lugares, conocieron personas muy diferentes y comprendieron
que en la vida, lo único que comparten todas las culturas por muy
distintas que sean es el amor, algo que ellos ya conocían, y que
habían aprendido a anteponerlo a sus necesidades  ya que era la clave
de su unión, por eso cada vez se les hacía más fácil convivir a pesar
de las carencias de provisiones o demás materiales, porque cuando uno
de los tres caía, los otros dos lo levantaban, partieron de su aldea
como tres pequeños amigos, y ya se habían convertido en tres buenos
hermanos. Y mientras Martín, Gonzalo y Benjamín confirmaban el pasado
de sus ancestros, el otoño había perdido ya la potencia de sus vientos
y se había implantado el frío y el espesor de la niebla invernal.

Una blanca mañana de
diciembre, los tres jóvenes llegaban a una ciudad bajo una intensa
nevada que hacía ya un par de horas, había cubierto las calles. En la
plaza, un grupo de niños de no más de ocho o nueve años se tiraban
bolas de nieve envueltas en grandes carcajadas, sin embargo, Martín
vio a un niño sentado en un muro al que otro niño le pasaba bolas de
nieve para que éste no se perdiese la divertidísima batalla. Martín
fue y le preguntó por qué estaba subido en ese muro, el niño le dijo
que tenía un agujero en el zapato y si pisaba la nieve, se le quedaría
el pie tan frío que no podría correr. Entonces Martín, sin pensárselo
dos veces, subió al pequeño en su caballo y lo llevó hasta el zapatero
del mercado,le compró unas botas y le dio una bola de nieve, el niño,
lleno de emoción, abrazó a Martín, le dio las gracias y se perdió por
la nevada entre risas y saltos.

Esa noche, antes de irse a dormir, Martín
compartió su experiencia con Gonzalo y Benjamín, les confesó cómo el
abrazo del niño le había hecho sentir una sensación que nunca antes
había conocido, algo así como una hilaridad enorme e instantánea, a
partir de ese momento, Gonzalo y Benjamín intentaron hacer felices a
los demás para poder experimentar el mismo sentimiento que su amigo
Martín. Y efectivamente, era tal la satisfacción que sentían al ver
una sonrisa que llevaba su nombre que se propusieron hacer de aquellas
navidades las mejores para todos los niños y niñas que encontrasen en
su camino. Para ello, decidieron trabajar en los pueblos que visitaban
y así ganar algo de dinero para comprar varios regalos y algo de
comida que dejaban en las casas más pobres, para repartir los regalos
sin ser vistos, esperaban a que el sol se pusiera y la gente se
durmiese, entonces se colaban por las ventanas y dejaban los regalos
junto a la chimenea.

En su viaje fueron acumulando juguetes e ilusión
para repartir entre la gente. Incluso conocieron a un señor un tanto
peculiar de camino a Jerusalén, decía llamarse Nicolás, llevaba un
gran saco, marcaba una enorme barriga, vestía de verde, lo acompañaba
un reno constipado y no paraba de repetir: “¡Feliz Navidad! ¡Ho, ho,
ho!”

Una semana más tarde llegaron a Jerusalén, era 5 de enero, y tras la media
noche, llenaron las casas de la ciudad con su amor y su ilusión. Los
días siguientes, se dedicaron a preguntar a los vecinos acerca de su
propósito principal, que hacía ya semanas había quedado en un segundo
plano.
Y al fin, se hicieron con una respuesta: la leyenda, era cierta”.

 

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Primer accésit para Nicolás Díez Andrés, 1º ESO.

EL BELÉN VIVIENTE

Como todos los años, el 21 de diciembre, la familia Pérez ponía el Belén.

-¡Yo quiero poner al niño! –Decía Marta.- ¡Mira que bonito queda!

Así, tras tres horas de trabajo, dos bolsitas de musgo, medio litro de agua para el río, cinco metros cuadrados de papel cielo, muchas lucecitas y mucho, mucho esfuerzo, les quedó un belén muy, pero que muy bonito. Acabaron muy tarde y se fueron a dormir. Pero aquella noche no fue como las demás noches. Aquella noche ocurrió algo muy especial: exactamente a las dos y veintitrés de la noche… ¡el belén cobró vida! Sí, lo que acabas de leer, ¡cobró vida! El niño Jesús comenzó a llorar, la mula y el buey a comer, el pastor a caminar y los hornos a desprender luz; en los que se quemó el pan. Pero aquello no les gustó (a las figuritas, la familia Pérez aún no lo sabía) A ellos les gustaba más la fiesta. Así que organizaron una reunión.

-¿No os aburrís de hacer todos los años lo mismo?

-Sí, y además es solo en Navidad. ¡El resto del año encerrados en una caja!

– Y esas luces espantosas, ese suelo de papel y esa agua estancada que no limpian nunca.

¡Organicemos una fiesta!

Así lo hicieron. Formaron una cadena “humana” (no son humanos) para llegar hasta el suelo y llegaron hasta la nevera. Allí cogieron sorbitos de Kas y Coca-cola; migas de pan y mordisquitos de queso. Cuando regresaron montados en los animales (veinte minutos a galope), montaron una fiesta en el establo, decorándolo con muchas luces. Pasaron toda la noche bailando, comiendo y bebiendo, mientras los animales esperaban fuera. Pero, claro, los humanos no los podían descubrir, por lo que había un encargado mirando el reloj de John. A las siete y cuarto de la mañana, el encargado les avisó y tuvieron que parar. Otra vez a permanecer inmóviles un día entero.

A las doce y media de la noche, el padre se fue a dormir. Esperaron un poco hasta oír los ronquidos, señal de que estaba profundamente dormido. Este día (bueno, noche) querían ir aún más lejos con su fiesta. Fueron a la habitación de Marta y John y cogieron unas piezas de Lego, incluida una pieza inteligente de Lego Mindstorms. Una vez en la mesa del belén, se pasaron una hora y media montando un parque de atracciones. Había noria, montaña rusa, casa del terror, zona de tiro con arco… Esta vez, el encargado les avisó a las seis y media, pues tenían que desmontar. Y vuelta al aburrimiento.

Al irse a dormir Javier (el padre), volvieron a por las piezas del parque de atracciones. Tres cuartos de hora más tarde, cuando lo tenían a medio montar, Marta se despertó a beber agua y descubrió aquel espectáculo. Imagínate la cara que puso. Se asustó tanto que tiró a San José al suelo, sin querer, claro. Tras diez interminables minutos, Marta se fue a dormir. Aliviados y asustados a la vez, los habitantes del belén crearon un equipo de rescate: la virgen María, por su inteligencia; los Reyes Magos, por

sus poderes; el ángel, para tener vistas aéreas; varios pastores, como soldados y para hacer bulto; y el niño Jesús, por su tamaño. ¡Ah!, y la mula y el buey, por su asombrosa fuerza y para llevar cargas. Y emprendieron el viaje. Bajaron por el cable de las luces. Al llegar al suelo, decidieron ir hacia el salón. Anduvieron durante muchísimo tiempo, sorteando muchos obstáculos, como las rendijas entre el parquet, las pelusas, el “viento” que se colaba bajo las puertas cerradas y algún que otro bichito.

-¡No puede ser, esto es interminable! -se quejaba Gaspar. Y es que echaba de menos las fiestas que habían montado las anteriores noches.

-¡Cuidado! -gritó de repente un pastor bastante avispado. Y con razón, pues el gato que dormía en aquel salón se había despertado y avanzaba lentamente hacia el escuadrón de rescate. Rápidamente, el equipo se puso a idear una estrategia para distraer al gato. Al acabar, la virgen María cogió una pelusa de polvo que había en el suelo y la comenzó a enrollar hasta formar algo parecido a una madeja de lana, a la que unió otras cuantas pelusas para aumentar su tamaño. Cuando finalizó su trabajo, se acercó al gato, arrastrando la madeja.

-¡Mira! ¡Mira que madeja tan bonita! –decía con voz dulce.

Cuando el gato cogió la madeja, se puso a jugar con la virgen. Todos los demás aprovecharon la distracción del gato para seguir avanzando. Poco después llegaron a la alfombra. La alfombra era para ellos una selva interminable de polvo, pelusas, pelos y tropezones. Tras un rato de dura caminata, encontraron a San José. Se había roto el brazo al caer en la alfombra. Lo subieron al buey y comenzaron el camino de vuelta, pero en ese instante asomó por la puerta del balcón el primer rayo de sol del día. Sonó el despertador de Javier y la familia se despertó para ir a desayunar. Las figuritas aprovecharon que los humanos estaban en la cocina para ir hasta la mesa del belén, pero poco después Marta fue al salón a coger las zapatillas.

-¡Corred! ¡Bajo la mesa!

Corrieron a hacer lo que les habían indicado, pero ya era demasiado tarde, la niña ya estaba chillando de nuevo. Como era de esperar, al instante llegó su familia. John se agachó a intentar cogerlos, Javier cogió una zapatilla y los intentó aplastar, confundiéndolos con bichos; y Celia se desmayó. Estuvieron media hora hasta que tanto John como Javier quedaron exhaustos. Uno de los pastores se aventuró y se acercó a John. John, en vez de destrozarlo como imaginaba el pastor, se dedicó a estudiarlo. Celia se despertó y corrió a llamar al laboratorio más cercano para comunicarles que se les habían escapado unas figuritas de belén vivientes, pues no se dio cuenta de que esas eran sus figuritas de su belén, pero John se lo impidió, porque advirtió el parecido. Después, el pastor (los demás seguían escondidos) les explicó que esto no lo podían saber los humanos, porque era un secreto que llevaban ocultando todos los anteriores belenes que habían cobrado vida. Cuando ya se hubieron tranquilizado todos y los Pérez habían desayunado, les pidieron que les montaran el parque de atracciones que tanto les gustaba, esta vez con nuevas secciones como el laberinto de espejos o la caída libre. Y así pasaron un día muy divertido, las figuritas en el parque y la familia disfrutando de la Navidad, pues ese día era 25 de diciembre.

EPÍLOGO

Cuando llego el día de Reyes, también aparecieron unos regalos bajo el árbol para las figuritas. ¿Adivináis qué era? Eran unos sets de lego para que montaran el parque de atracciones. Lo montaron en el trastero y allí se quedaron para siempre disfrutando de lo que más les gustaba: el parque de atracciones del Belén viviente.

Nicolás Díez Andrés, 1º Bdsc07935

 

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Segundo accésit para Naiara Menéndez Guirado de 2º ESO.

 

     Una Navidad diferente

-¡A tu cama!- Escucho a mi madre gritar desde el salón. De mala gana, subo las escaleras que separan la primera planta de la segunda. Entro en mi habitación y, acostumbrada de mis muchos posters esparcidos por las paredes, me tumbo en la cama. Me descalzo y me tapo con el edredón, ese que tanto me gusta ya que huele a mi padre. Giro la cabeza, recostándola mejor sobre mi cojín. Con cuidado dejo mis gafas sobre la mesita, en la que reposa una foto mía y de mi padre.

Sigo echando de menos esos momentos en los que jugaba con él a las construcciones, o a los mecánicos… Una lágrima cae por mi mejilla mientras los pensamientos siguen rondando por mi mente. Apenas lo veo, pues siempre llega muy tarde de trabajar.

Inconscientemente, cierro los ojos y caigo dormida. Un aire cálido da en mi cara, haciéndome despertar. Veo a una chica de ojos de distinto color, azul y marrón. Tiene unos rasgos finos y su cabello es violeta. Me froto los ojos, y me incorporo bruscamente, haciendo que la muchacha, de no más de dieciocho años, se aparte, sentándose de nuevo a los pies de mi cama. La luz de mi lamparita está encendida:

-Hola Carlota- Su voz es suave y melodiosa.

-¿Quién eres?-Inevitablemente, llevo la mano al colgante de mi cuello. Siento como la fría piedra roza mi mano haciéndome estremecer y la sonrisa de la desconocida se hace aún más amplia.

-Zafiro,- dice – bonita piedra ¿verdad?

Se levanta cuidadosamente de mi cama, y sale al balcón. Decido seguirla, y me siento en el pequeño banco de piedra que se encuentra en el centro. Miro hacia arriba:

-Qué pena,- escucho que comenta – hoy las nubes no dejan ver las estrellas. Aún recuerdo cuando me tumbaba con mi padre sobre la hierba y las observábamos, que lejanas parecían entonces. Me contaba hermosas historias, de cómo nacían y de cómo morían, pero nunca supe si eran verdaderas, pues un día ya no estaba ahí para contármelas.

-¿Cómo te llamas?- Le susurro a la nada. Pues eso que acaba de relatar se parece bastante a mi vida.

-Carlota,- me dice – soy la futura Carlota.

Sonríe, pero ya no es una sonrisa alegre, sino una triste, de esas que me dedica mi madre cada vez que le pregunto dónde está papá y si va a volver.

-Bueno,- con el dorso de la mano se seca una lágrima que estaba empezando a caer por su mejilla y se acerca a mí – pequeña yo, es hora de mostrarte algo.

Me toma de la mano y siento una extraña sensación de opresión sobre mis costillas. Tomo una bocanada de aire justo cuando pienso que me voy a asfixiar:

-¿Te encuentras bien?

-Sí, gracias.

Giro la cabeza, pues sigo sentada en mi querido banco de piedra. Me observo a mí misma por el gran ventanal de mi cuarto levantándome de la cama y saliendo por la puerta, pero siendo mucho más pequeña.

-Vamos.- Me dice mi yo futura. Me levanto y la sigo, agachada tras los tupidos arbustos de mi balcón.

-¡Papá!- Escucho. Asomamos un poco la cabeza, mi alto y robusto padre me está abrazando en este mismo instante y yo me estoy riendo con esas características carcajadas que suelto cuando estoy muy contenta.

Mi madre nos observa apoyada sobre el quicio de la puerta también sonriendo.

-Bueno venga, vamos a cenar que se enfría todo.

Asombrada miro a Carlota, ya que se han sentado en una mesa con muchos manjares:

-¿Qué día es hoy?

-25 de diciembre de 2009

-¡¿De 2009?!- Chillo sin poderlo evitar, arrepintiéndome al momento, pues mi madre se ha asomado por la puerta que da al jardín, descubriéndonos al instante. Se acerca a donde nos encontramos y nos hace salir. Al punto noto que la piedra de mi cuello empieza a brillar y que la de la otra Carlota hace lo mismo.

Desde aquí escucho a mi yo de seis años decirle a mi padre:

-Papá no me dijiste que la piedra brillaba.

Miro a mi izquierda, y la muchacha me dirige una sonrisa, mientras me señala su colgante, que también brilla.

Pestañeo.

Al abrir los ojos me encuentro con una escena completamente distinta. Me estoy mirando en el espejo, llevo un vestido largo, de noche; mi largo cabello, el cual yo recordaba marrón, ahora es violeta y me cae en cascada por la espalda hasta la cintura. Mis ojos, uno marrón y el otro azul, están maquillados, pero no en exceso.

-¡Carlota se enfría la cena!- El corazón me da un vuelco, el que me ha hablado ha sido mi padre.

Bajo las escaleras corriendo, en el último escalón tropiezo y caigo al suelo. Mi madre me levanta.

Nos sentamos a la mesa:

-Que aproveche.- Digo, y se me ocurre preguntarle a mi padre por el trabajo

-Papá,- comienzo – ¿qué tal el trabajo?

-¿Qué trabajo?- Pregunta de vuelta.- Todavía no me han hecho la entrevista, pero tranquila, que es desde casa.

Sonrío feliz, mi madre también sonríe, y mi padre está con nosotras. ¿Qué podría ir mejor? La familia está de nuevo unida para Navidad.

Naiara Menéndez Guirado, 2º ESO.

 

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Concurso de cuentos navideños. Curso 2015-2016.

Estos son los ganadores del presente curso:

CATEGORÍA BACHILLERATO

 Primer premio

 Zoe Pascual Jiménez de 2º de Bachillerato, con el cuento titulado:

“Ama tu kaos”.

 

CATEGORÍA  PRIMER CICLO DE ESO

Primer accésit

Naiara Menéndez Guirado de 1º de ESO, con el cuento titulado:

“El principio de la magia”

 

Segundo accésit

Víctor Pérez Contreras, con el cuento titulado.

“Fabricando ilusión”

 

Tercer accésit

María  González García, con el cuento titulado:

“Navidades  en familia”

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A continuación , puedes leer los textos que nos han enviado Zoe Pascual y Naiara Menéndez. Gracias a todos ellos y animaros a seguir escribiendo.

Hasta la próxima convocatoria….

 

Ama tu Kaos

Zoe Valdés.

2º Bachillerato.

Esto podría ser  una historia corriente; la historia de una vida. Cuenta como mi percepción de ella ha ido cambiando en los últimos años. En esta historia no aparecen princesas, dragones ni seres fantásticos, ¿o quizá sí…?

Sentado en el sofá viendo la tele espero que llegue mi familia, la cena ya está preparada. Coloco los últimos adornos y todo está listo. Por estas fechas siempre suelo añorar los buenos momentos pasados.

Recuerdo con ilusión cada una de mis navidades cuando era pequeño, las semanas previas escribiendo la carta a los Reyes Magos, comidas familiares, la angustia por los días que no pasaban cuando parecía que el Día de Reyes no llegaría  nunca. Más reuniones familiares y por fin, la esperada noche. Apenas conseguías dormir. Te levantabas muy temprano, preguntándote si realmente habías sido bueno. Al ver los regalos en el salón saltabas de alegría y pasabas horas montando los juguetes e inventando fantásticas aventuras.

 

Fueron  pasando el tiempo y  las ganas de estudiar. Ya de adolescente la cosa cambió. Las navidades también las esperabas con ganas: dejar por unos días de estudiar y olvidar el instituto. Como cada año, aburridas comidas familiares y  Nochevieja, solo querías comerte las uvas, brindar y empezar un año nuevo divirtiéndote fuera de casa. Buenas expectativas, ganas de comerte el mundo, experimentar, pronto cumplirás dieciocho y sueñas con tener coche y todo lo que eso significa…

Llega la noche de “Reyes” hace años que dejaste de creer en esa mentira. Te levantas tarde por haber salido la noche anterior y lo único que quieres es seguir dentro del microclima que se ha formado en el interior de tu edredón. Finalmente  te despegas de las sábanas, abres los regalos, que no te sorprenden  y vuelves a la cama. Siempre has odiado el frío.

Vas cumpliendo años y dejas de ser aquel adolescente en efervescencia hormonal. Ves las navidades de otro modo, ahora te vuelve a ilusionar juntarte con los tuyos, preguntar qué tal os va. Conoces a los nuevos miembros de la familia y bueno ¿por qué no? Les presentas a tu novia. Conversaciones interminables a cerca del trabajo, estudios, viajes y  mil anécdotas.

Años después, ya has formado una familia, te has independizado y tiene unos cuantos críos dando guerra por la casa. Vuelven los nervios, las risas, montar el belén, decorar el árbol y poner la brillante estrella en lo más alto. Tienes que ayudarles con la larga lista  de la carta para los Reyes Magos. Ir a la cabalgata. Ver sus caras de asombro y el tembleque de sus piernas, no tiene precio. De algún modo te transportan a mi infancia.

Y entonces…lo comprendí. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que al fin y al cabo, fuera verdad o no, la ignorancia de la infancia te permite vivir la Navidad con ilusión y asombro a pesar de que, al descubrir el gran secreto, perdiste la esperanza y no entendías por qué llevabas toda la vida engañado. Por eso mismo puedes crecer y seguir disfrutando de esa noche a cualquier edad mientras consigas mantener despierto al Peter Pan que todos llevamos dentro. Y que solo unos pocos logramos mantener con vida al hacernos mayores. Normalmente las personas adultas no comprenden el mundo infantil y olvidan que ellos una vez fueros niños y que si quisieran podrían volver a serlo.

Tras la cena, rápidamente a preparar la leche, las galletas y el pan para los camellos. Todos a la cama  y a dormir. Subo al desván a rescatar los paquetes que escondidos han esperado durante semanas esta noche. Los coloco silencioso bajo el árbol en mitad de la noche, vigilando que la pequeña no se despierte. Unos cuantos caramelos en los calcetines que cuelgan de la chimenea, la bici azul para Dani, el balón para la pequeña Elisa, la nueva cama para nuestra gatito, el libro que mamá lleva esperando tanto tiempo. Termino reflexionando sobre la paradoja de cómo se avanza en la vida; al principio, uno cree en los Reyes Magos, luego ya no se cree en ellos y al final una se convierte en un Rey Mago…

Suena el timbre, de pronto mis pensamientos se esfuman, ya han llegado todos y la casa vuelve a llenarse de vida: hijos que viven para trabajar, nietos que estudian fuera y vuelven a casa por estas fechas. Por otro lado, esta nochevieja se presenta un poco triste. En los instantes previos a la media noche me planteo si tal vez sean estas mis últimas navidades con ellos. A mi edad es un pensamiento inevitable pero trato de mostrarme alegre y pedir mis mejores deseos para ellos. Se acaba la espera suenan las doce nos damos dos besos. Comienza un nuevo año con nuevos propósitos que todos sabemos que nunca llegaremos a  cumplir, pero realmente nos gusta engañarnos pensándolo.

 

 

El principio de la Magia.

Naiara Menéndez Guirado.

1º ESO.

Existieron una vez tres hadas que entre ellas eran totalmente distintas. Hannah, la primera, era la más mayor de todas; alta, delgada y estricta. Siempre tenía el ceño fruncido y rara vez sonreía. Naida, era, por el contrario, la más pequeña y sonriente. De mediana altura y regordeta. Fryda era la mediana y acostumbraba a poner orden entre sus conflictivas hermanas, pues ella era tranquila y no se dejaba turbar por cualquier cosa.

Un día, estando tumbadas en el sofá de su cabaña, con un libro entre las manos, las antenas de Fryda vibraron. Esta alarmada, se puso en pie y avisó a sus hermanas.

Fryda era la que percibía los peligros; Naida, podía leer los pensamientos, y Hannah sabía cuándo alguien estaba preocupado y el porqué.

Alguien llamó a la puerta, sobresaltando a las hermanas, y, cuando Fryda la abrió, se encontró a un joven arrodillado frente a ella. Unos harapos cubrían su cuerpo, y su pelo, sucio y desgreñado, le daba aspecto de vagabundo.

-¿Quién eres y qué haces aquí?- Preguntó Fryda. Al cabo de unos segundos, Hannah empezó a buscar por los cajones, hasta sacar de uno de ellos una bolsita que emitía un resplandor dorado y le dijo a su hermana:

-Hemos de ir a la aldea, han aparecido tres bebés en una barca.

-¿Es eso cierto?- Dijo Fryda al muchacho. Este no contestó, se limitó a asentir con la cabeza.- Gracias, puedes marcharte.

Naida cogió sus polvos adormecedores, por si acaso, y la mediana de las hermanas un brebaje verdoso, en su etiqueta ponía: BREBAJE CURA-HERIDAS.

Salieron de su hogar, con los gráciles movimientos de un hada, y se dirigieron a la aldea.

Tuvieron cierta dificultad para llegar, ya que se toparon con un duende que les hizo resolver un acertijo y, como era muy difícil, Naida lo roció con sus polvos.

Tras eso, pudieron llegar a la aldea, donde fueron muy bien recibidos, ya que eran las únicas hadas del reino y los aldeanos sabían que debían tratarlas con amabilidad.

Les condujeron a la plaza, donde una mujer daba de comer a los recién nacidos.

Las hermanas hicieron un círculo alrededor de las cunas y comenzaron a recitar:

-Estamos aquí para dar nuestra bendición a tres hermosos niños que esperan su don. Ayudarán a mucha gente que, con ansiedad, esperan los regalos que ellos les puedan dar.

Cuando acabaron, se acercaron aún más a las cunas y la primera que habló fue Fryda:

-Tú con tu piel negra, mi niño adorado, donarás dinero a quien más lo ha rogado. Tú nombre será Baltasar, así los niños tendrán a quien rogar.

La siguiente fue Naida:

-Niño de cabellos rubios, con tus manos fabricarás incienso que, solo para curar, utilizarás. Te llamarás Gaspar, con la esperanza de que serás el que más va a ayudar.

Por último, habló la mayor de las hermanas:

-Melchor te llamarás, y tu cabello nevado a identificarte te ayudará. La mirra que tú mismo fabricarás, para medicina servirá.

Satisfechas con su trabajo, dijeron a los aldeanos:

-Sus coronas resplandecerán en las casas de muchos niños en un futuro no muy lejano.

E, instantes después, desaparecieron.

En la aldea, la llegada de los niños se celebró con una espléndida cena.

En la cabaña de las hadas, que habían vuelto a tumbarse a leer, reinaba el silencio, un silencio que poco después rompió Hannah:

-Alegrarán a muchos niños- Aseguró.

-Sí, lo harán-Dijeron al unísono sus dos hermanas.

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-Papá, ¿es verdad?- Pregunta Carlota.

Su padre, cerrando el libro, le contesta:

-Lo es si tú lo crees, pequeña y ahora descansa que sino no vienen esta noche los Reyes.

Mientras cerraba la puerta de la habitación de su hija, sonrió al imaginar lo contenta que iba a estar a la mañana siguiente su pequeña Carlota con los regalos de debajo del árbol.

 

 

 

 

 

 

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Excursión a Burgos . Diciembre 2016. 3º ESO.

Como en cursos anteriores…dsc07913-2 dsc07915-2 dsc07919-2 dsc07921-2
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Celebración del Día del Libro. Abril 2016.

Como en años anteriores, el Departamento de Lengua y Literatura del IES Villegas, conmemoró el Día del Libro con las actividades que la editorial Vicens- Vives nos ofrece.

Raúl, nuestro Cuentacuentos, casi podemos decir, estuvo en las clases de 2º de ESO y en un 1º de ESO para relatar algunas historias.  También como en años anteriores, nuestros alumnos han tomado la palabra. Quiero agradecer su colaboración a todos ellos, especialmente a  los alumnos de  2º de ESO  por su participación. Esta es una selección de

Cuentacuentos.

Cuentacuentos.

sus opiniones.

Gracias a todos y hasta el próximo Día del Libro 2017.

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“El pasado día 18 de abril celebramos en el IES Villegas el Día del Libro. Raúl, un cuentacuentos, nos contó un par de historias bastante interesantes, que, aparte de entretener, enseñaban cosas, como la historia de La bahía encantada, que narraba la historia de un esquimal que fue a pescar a esa bahía y lo que pescó fue un esqueleto… (Miriam Lara, 2º ESO)

”  …Este cuento estuvo entretenido y además Raúl interactuó en todo momento con nosotros…” (Iván Palacios, 2º ESO)

“Los cuentos se hicieron muy amenos y divertidos. Los cuentos se hacían cada vez más reales ya que él los amenizaba con gestos y movimientos” (Janire Cruz)

Cuentacuentos en 2º de ESO.

Cuentacuentos en 2º de ESO.

“Los cuentos de este año eran de amor. Raúl nos dijo que el amor es ciego y que siempre tiene algo de locura” (Marta Domínguez, 2º ESO)

“Uno de ellos trataba  sobre los sentimientos, todos encerrados en una isla. Decidieron jugar al escondite, cada uno encontró su lugar….”

(Janire Cruz, 2º ESO)

“El amor se escondió detrás de unas rosas. La envidia movió las rosas y dejó al amor ciego y desde ese día la locura siempre le acompaña”

(María, 2º ESO)

“Lo que más me gustó fueron las moralejas y me parece que los cuentos son una muy buena manera de transmitir valores y enseñanzas. En ese caso, creo que el Cuentacuentos lo consiguió con mucho éxito. Por todo esto me gustaría agradecer la realización de esta actividad, así como felicitar al narrador por su trabajo…” (Celia Rodríguez, 2º ESO)

“En una valoración general, me ha gustado mucho y espero que siga viniendo muchos años más a nuestro instituto a alegrarnos el día con sus historias” (Raúl Bezares, 2º ESO)

“Me gustaría que pudieras venir más a menudo, en vez de sólo una vez al año” (Laura

Presentación Cuentacuentos.

Presentación Cuentacuentos.

Pérez, 2º ESO)

“Me gustaría que viniera el año que viene y que tratara temas de misterio, acción, miedo…. Pero me gustó…” (Sara Ruiz, 2º ESO)

“Me llamó la atención la capacidad que tenía para recordar las historias y contarlas con tanta naturalidad. Fue una experiencia muy divertida y entretenida. Me gustaría repetirla y aprender más historias” (Laura Ibáñez, 2º ESO)

” El pasado lunes , 18 de abril, recibimos la visita , en nuestro instituto, de un Cuentacuentos, conmemorando el  el Día del Libro y el cuarto centenario de la muerte de Cervantes  y Shakespeare. Fue muy divertido y los cuentos eran apropiados para nuestra edad.  Espero que esta actividad pueda seguir repitiéndose a lo largo de muchos años, me parece muy apropiada” (Eduardo Sáenz, 2º ESO)

“…. Nos quedamos esperando más  cuentos para el año que viene ” (Paula Fernández , 2º ESO)

 

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Rutas literarias. Ruta del Cid.

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    El pasado mes de diciembre realizamos esta actividad con los alumnos de 3º de E.S.O y de 1º de Bachillerato.

 

DSC07184 En primer lugar visitamos Vivar del Cid, allí visitamos el monasterio  de  de Santa Clara    y leímos algunos textos.

A continuación ,  nos dirigimos a San Pedro de Cardeña  y a la Cartuja de Miraflores. Los profesores acompañantes explicaron algunos datos históricos para que el alumnado contextualizara los textos literarios que se leyeron a continuación.

Para finalizar, llegamos a Burgos,  visitamos algunas curiosidades de la catedral y nos dirigimos hacia la antigua iglesia de Santa Gadea, donde se leyó el famoso romance que lleva este nombre.

Hemos querido dejar constancia, con este breve texto y con las fotografías realizadas a nuestros alumnos, del día de convivencia con el que despedimos el trimestre .

 

El Cid Campeador: ese agente doble que luchó a favor y en contra de moros y cristianos.

Uno de nuestros tres personajes literarios más importantes, junto con Don Juan Tenorio y Don Quijote de la Mancha es El Cid Campeador, personaje histórico y literario a la vez.

Nacido en 1043, en Vivar, se educó junto con el infante Sancho II de Castilla, a cuyas órdenes luchó desde que éste fue proclamado rey hasta su muerte, en 1072. Pertenecía a una familia de la baja nobleza castellana.

En 1062, a los 18 años, fue nombrado caballero. En 1066 el rey le nombra portaestandarte de los ejércitos castellanos. En estos años se ganó el apelativo de Campeador, que deriva de campi docto, es decir, maestro de armas en el campo de batalla.

Tras la muerte de Sancho II, entra al servicio del nuevo rey, Alfonso VI.

En 1074 se casa con Jimena, hija del conde de Oviedo, con ella tendrá tres hijos: Cristina, María y Diego (éste último fallecería posteriormente en la batalla de Consuegra).

En aquel tiempo, los reinos de Taifas se habían convertido en vasallos de los reinos cristianos a los que debían entregar abundantes tributos o parias. Esta peculiar forma de convivencia trajo múltiples disputas en las cuales el Cid tuvo que intervenir; ello le granjeó la envidia de muchos caballeros que no veían con buenos ojos el prestigio que iba adquiriendo nuestro héroe.

Por otro lado, Alfonso VI nunca mantuvo buenas relaciones con su mejor capitán, debido, entre otros motivos, a la humillante jura de Santa Gadea (en la cual Alfonso VI tuvo que jurar que no había tenido nada que ver en la muerte de su hermano Sancho II), todo ello determinó su exilio en dos ocasiones.

Combatiendo en la Taifa de Zaragoza se ganó el apelativo de Sidi (Señor), Cid, al conseguir la victoria en más de cien combates a lo largo de cinco años. Después se dirigió a Valencia y conquistó la ciudad en 1094.

Finalmente se reconcilió con el rey. Sus hijas se unieron a los linajes reales de Navarra y Barcelona.

En 1099 contrajo unas fiebres mortíferas que le arrebataron la vida, falleció a los 56 años.

La figura de este paradigmático guerrero quedó ensalzada debido, además, al Cantar de Mio Cid, el cantar de gesta más antiguo de la literatura castellana. Desde su creación en 1140 a cargo de un juglar anónimo de Medinaceli, hasta nuestros días, el Poema de Mio Cid ha sido uno de los documentos que más ha hecho soñar a distintas generaciones.

En 1304 el monje Pere Abbat transcribió a manuscrito este cantar, del que sobreviven 3.700 líneas evocadoras de un tiempo fundamental en la Historia de España.

Su figura y hazañas le han hecho protagonista de numerosas obras literarias en Europa.

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Concurso de Cuentos Navideños 2014-2015

Como todos los años, por esta feDSC07112chas,  los miembros del departamento de Lengua y Literatura convocamos el Concurso de Cuentos Navideños. Una vez más ,la participación de los alumnos de primer ciclo, ha sido más numerosa que la de los alumnos mayores. Nos gustaría que esta tendencia cambiase…, aquí sólo dejamos constancia de nuestro deseo.

Los ganadores de la  presente convocatoria han sido los siguientes:

Sara Ruiz García, de 1ºB, con el cuento titulado:

                                           El espíritu cálido. 

        María González García, de 1ºA, con el cuento titulado:

                                    Un cambio en Navidad

Aitana Solozábal Fernández, de 3ºB, con el cuento titulado:

                            Una familia por  Navidad

 

DSC07120                           Aquí tenéis los relatos de los ganadores:

 

    Un cambio en Navidad, de María González García.

Estábamos a 12 de Diciembre y la Navidad estaba llegando a la ciudad. Mario, el hijo del alcalde, estaba haciendo la lista para dársela a Papa Noel. Era un niño un poco egoísta, pues siempre pedía un montón de regalos.

Mario vivía en una casa enorme. Tenía 5 pisos sin contar el garaje en el que cabían 10 coches, aunque sólo había dos. En la parte de atrás un gran jardín con 2 piscinas y columpios. La planta más alta, era una sala de juegos con bolera, colchonetas y mucha más cosas, decía Mario pues ningún niño la había visto nunca, porque no dejaba entrar a nadie a su casas.

Todos los días, desde la ventana de su habitación, veía a un niño que pasaba sólo por la calle, sin apenas ropa, helado de frio; Dormía en el suelo apoyado en un trozo de cartón y tapado con una fina tela negra.

A Mario le daba un poco de pena, pero pronto se olvidó de él porque el niño dejó de pasar por debajo de su ventana.

Un día Mario jugaba con su equipo de fútbol un partido muy importante para él, por primera vez jugaban en la capital, Logroño, y sus padres le habían prometido que irían a verlo, pues siempre estaban muy ocupados.

El partido estaba acabando y los padres de sus compañeros de equipo estaban ahí, pero los padres de Mario no llegaban. Ganaron el partido y todos lo celebraron con sus padres menos Mario.

El autobús que les tenía que llevar a casa no llegó. Todos tenían coche con el que volver menos él. Tuvo que regresar andando, lo que le llevó casi toda la tarde. Nadie le había echado en falta. Subió a su cuarto, y sin cenar se acostó muy triste, se sentía solo como el niño que pasaba por debajo de su ventana.

A la mañana siguiente nadie se acordó de preguntarle por el partido.

Mario ese día ayudó a su madre a preparar la casa para la fiesta de Navidad a la cual acudiría mucha gente.

El día de Navidad fueron sus abuelos, sus tíos, los amigos de sus padres, pero no había ningún niño para jugar con Mario.

A la hora de cenar los adultos hablaban de sus cosas y Mario no entendía nada. Estuvo toda la cena callado y aburrido. Fue la cena más aburrida en la que había estado. Después del postre su padre le dio permiso para ir a su habitación a abrir los regalos; Cuando se cansó de abrir tantos paquetes miró por la ventana y no vio a nadie, pero cuando ya se iba a meter a la cama divisó una sombra, era el niño que pasaba por debajo de su ventana y que se dirigía a dormir al sitio de costumbre.

Mario bajó a todo correr las escaleras, abrió la puerta y le preguntó si quería entra a su casa, Lucas, que así se llamaba el niño, le dijo que sí. Mario le dio algo de comer y luego fueron a su habitación donde estuvieron jugando toda la noche con los nuevos juguetes. También le regaló alguno a Lucas pues él tenía muchos y Lucas ninguno.

Los dos niños pasaron esa noche juntos y el día siguiente también. Mario, por fin, tenía un amigo.

Les preguntó a sus padres si se podía quedar con ellos para siempre. Sus padres accedieron y Lucas se convirtió en el nuevo hermano de Mario.

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                     UNA FAMILIA POR NAVIDAD, de Aitana Solozábal.

Sonó el despertador, las siete y cuarto de la mañana, mediados de Diciembre,otro día comenzaba en aquel horrible lugar. La vida en un orfanato no suele ser fácil, pero Lía estaba completamente sola, ni siquiera tenía amigos. Tenía los ojos negros y una larga melena castaña. Físicamente podía haber sido la líder de cualquier grupo de pijas; pero era diferente, le gustaba pasar el tiempo sola. Era una de esas personas que combate la soledad con sus propios pensamientos. No necesitaba a nadie, o al menos eso creía.

Como cada día se puso el uniforme, cogió los libros y salió de su cuarto hacia la clase. Decenas de chicas, todas más pequeñas que ella, caminaban por los pasillos hablando de tonterías sin importancia. Cuando llegó a clase se sentó en su sitio y esperó a que llegara el profesor. Una vez estuvo allí, comenzó la clase. No necesitaba prestar atención. El cerebro de Lía recogía cada una de las palabras que decía el profesor y las guardaba.

Esa misma tarde en su cuarto, mientras leía como de costumbre, llamaron a la puerta y acto seguido, sin esperar una invitación, entraron la directora y un chico:

– Lía, éste es Lucas. Es nuevo aquí y como sabrás estamos llenos, así que, hasta que le encontremos un compañero en la planta de los chicos, se quedará contigo.

La directora salió y el chico se quedó al lado de la puerta sujetando su maleta, mirando al suelo sin decir nada.

– Pasa, ponte cómodo- dijo Lía.- Creo que no nos han presentado como es debido: Me llamo Lía.

Entonces el chico levantó por primera vez la cabeza del suelo, dejando ver unos enormes ojos verdes.

– Lucas- contestó él.

– Bueno Lucas, ésta es tu cama- le dijo, señalando la litera de abajo.- Cuántos años tienes?

– 14. ¿Tú?

– Yo también- contestó Lía.

– ¿Cuánto tiempo llevas aquí?- volvió a preguntar Lucas.

– Pues… desde siempre.

– Igual que yo. El orfanato en el que estaba, era infantil. Y al cumplir los 14 tuve que irme.

Entonces Lía se subió a su cama, con los pies en la pared y dejando caer su pelo por el borde de la cama.

– ¿Puedo hacerte trenzas?- dijo Lucas.

– Sí, claro- contestó Lía.

Al cabo de unos minutos se miró al espejo, tenía unas preciosas trenzas cayendo por sus hombros.

– ¿Dónde has aprendido a hacer ésto?- le preguntó.

– Es una larga historia.

– Tenemos tiempo…

– Hace unos meses salí de clase para ir al baño. Cuando pasaba por delante de la clase de los pequeños, vi a una niña salir corriendo y esconderse en el cuarto de la limpieza. La profesora no se dio cuenta, así que fui tras ella. Cuando llegué estaba llorando y no me quiso abrir la puerta. Así que le hablé desde fuera. Le dije que yo también estaba solo y que si quería podríamos ser amigos. Entonces abrió la puerta y me abrazó. Ya se estaban acabando las clases, así que me la llevé a mi cuarto y me puse a hacerle trenzas.

– ¿Cómo se llamaba?

– Lucy.

– ¿Y dónde está ahora?

– La adoptaron. Le dije que iría a verla; pero hasta que no me adopten…

– Lucas, asúmelo: nadie va a venir a por nosotros- contestó Lía.

– ¿Por?

– Pues porque nadie quiere adoptar a un adolescente. Sólo quieren niños a los que poder contarles cuentos por las noches y llevarlos a la cabalgata de los Reyes magos… Y, para nosotros, llegan un poco tarde. Así que olvídalo. Ninguno de nosotros tendrá una familia, hasta que cada uno forme la suya.

– ¿En serio piensas así?

– No es que lo piense, es que es así.

– Entonces tendremos que hacer algo, no?- dijo Lucas.

– ¿Como qué?

– ¡Irnos!, podríamos ir a ver a Lucy- añadió.

– ¿Y dónde está?

– Tú por eso no te preocupes.

Esa misma noche, en el cambio de guardia de las cuidadoras, Lucas y Lía salieron del edificio. Es increíble, como en una maleta, podía meter toda una vida de recuerdos. Tras un par de días caminado, llegaron a una urbanización de casas blancas.

– Es ahí, el número 18- dijo Lucas.

Se acercaron ala puerta y llamaron al timbre. Una mujer alta, delgada y con media melena rubia les abrió la puerta. Lucas fue el primero en hablar.

– Mmmm… Venimos a ver a Lucy. Somos unos amigos del orfanato.

– Tú debes de ser Lucas. Lucy nos ha hablado mucho de ti. Ahora viene. Pasad.

Se quedaron en el recibidor y escucharon a la mujer en el salón decir: “Luly, tienes visita”. Entonces la niña salió corriendo y se paró en seco al verles.

– Lucas- dijo la pequeña- y saltó a sus brazos.

Después de unos segundos, ella se apartó y Lucas le dijo:

– Mira Lucy, ésta es Lía, una amiga.

– Hola, Lucy.

– Hola Lía.

– Chicos, ¿queréis quedaros?- preguntó el padre.

– Si no es mucha molestia- dijo Lucas

Y esa visita que en principio sólo iba a durar unas horas, se alargó todas las Navidades. Y ya no podían separarse de ellos. En apenas unas semanas, el padre y la madre de Lucy, estaban en el orfanato firmando los papeles de la adopción de Lucas y Lía.

Y por primera vez, aquellos niños, tuvieron un motivo para celebrar las Navidades: UNA FAMILIA.

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Hemos querido dejar constancia, con este cuento, del excelente trabajo realizado por dos alumnas, Sara y Gema, que aun no habiendo sido premiado su relato, para nosotros  es un premio ya sólo su participación y esfuerzo. Es el siguiente:

UNA AMIGA PARA NAVIDAD

Una niña llamada Sofía no tenía amigas. Sofía era de otro país y todos se reían de ella. Era ya diciembre y se estaba acercando la Navidad.

El mayor deseo de Sofía era poder tener una mejor amiga con la que poder jugar, contarse secretos, compartir experiencias…

Por este motivo, se decidió a escribirle una carta a Papá Noel pidiéndole lo que más ansiaba…

Querido Papá Noel.

Nunca te he pedido nada, pero este año me gustaría tener un regalo muy diferente al de los demás .Mi sueño es tener una amiga con la que poder jugar, hablar, divertirse… ya que estos años me he sentido muy sola y necesito tener el calor de la amistad.

Por favor, Papá Noel, concédeme éste único deseo.

Gracias”

Papá Noel cuando recibió y leyó la carta se quedó pensativo e intentó cumplirlo…

De esta forma, y al poco tiempo, una niña nueva, Celia, llegó a Nájera desde Murcia, ya que su familia se trasladó por una oportunidad laboral.

Celia llegó al instituto donde Sofía estudiaba, el IES Esteban Manuel Villegas. Allí las niñas se conocieron y entablaron buena amistad.

Celia y Sofía quedaban para hacer los deberes, para ir a PROA juntas, alguna vez quedaban para dormir en casa de la otra, quedaban para ir al parque… y así crearon un vínculo amistoso.

Sofía vio cumplido su deseo y estuvo enormemente agradecida a Papá Noel, y cada día se acordaba de él, por eso le escribió una carta de nuevo para agradecerle el favor tan grande que le había hecho:

“Querido Papá Noel:

Gracias por haber cumplido mi deseo. Te mando este poema que de él aprendí que la amistad era todo.

Un bote de colonia

se guarda en el cajón

y el recuerdo de una amiga

se guarda en el corazón.

Muchas gracias.

Sofía.”

 

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Y para despedirnos, el  fragmento de Charles Dickens que Haizea Menéndez, alumna de 2º de E.S.O leyó en Radio Villegas y nos ha hecho llegar.

     CUENTO DE NAVIDAD

   Charles Dickens

Ebenezer Scrooge era empresario,su único socio, Marley, había muerto. Scrooge era una persona mayor y sin amigos. Vivía en su mundo, nada le agradaba, y menos la Navidad.

En la víspera de Navidad, todo el mundo estaba ocupado comprando regalos y preparando la suculenta cena. Scrooge estaba en su despacho observando a su empleado cuando recibió la visita de su sobrino. Éste le pidió que pasara la noche de Navidad con la familia, a lo que el huraño hombre le respondió que no.

Su escribiente,Bob Crachit seguía trabajando hasta tarde aún siendo Navidad.

Scrooge vivía en un edificio frío y lúgubre. Cuando ya estaba en su cuarto, el fantasma de Marley se le apareció. Le dijo que estaba ahí para hacerle recapacitar sobre su forma de vida, porque ahora él tenía que sufrir haber sido tan mala persona. Antes de irse le advirtió que, durante la noche, tres espíritus irían a visitarle.

El primer espíritu llegó, era el espíritu de las Navidades pasadas. Éste lo llevó al lugar donde Scrooge había crecido y le enseñó lugares y Navidades pasadas: cuando él trabajaba de aprendiz en una tienda y con su hermana, a la que quería mucho.

El segundo espíritu llevó a Scrooge al centro del pueblo. Era el espíritu de las Navidades presentes. En el pueblo los locales estaban abiertos y había mucha gente. Después, fueron a casa del Crachit, vieron a la familia muy feliz aunque también muy pobre. El hijo Bob, Tim, estaba muy enfermo. Finalmente, el espíritu llevó a Scrooge a casa de su sobrino, donde vio cómo disfrutaban todos.

El tercer espíritu era oscuro, y Scrooge nunca le llegó a ver la cara. Era el espíritu de las Navidades futuras. Le mostró en las calles que la gente hablaba sobre alguien que se había muerto. Después, le llevó a casa de Bob Crachit, donde todos estaban tristes por el fallecimiento del pequeño Tim. Al final, descubrió que quien había muerto era él mismo, Ebenezer Scrooge.

Cuando despertó, descubrió que todo había sido un sueño. Se despertó con mucha alegría, ¡Era Navidad!. Le dijo a un muchacho que comprara el pavo más grande y lo mandara a casa de Bob Crachit. Salió con sus mejores galas y se dirigió a casa de su sobrino, donde se lo pasó genial. El hijo menor de Bob recibió tratamientos, médicos, gracias al aumento de sueldo que Scrooge dio a su padre.

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

 

Gracias a todos por vuestra participación. Os esperamos en la próxima convocatoria.

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