Cuentacuentos . Celebración del Día del libro. Abril 2017.

Con la primavera y, como en años anteriores,  hemos vuelto a contar con la presencia de Raúl, el Cuentacuentos que nos ofrece la editorial Vicens-Vives.

La actividad se dirigió a los cursos de 1º y 2º de ESO.

 

 

 

 

 

 

 

 

El tiempo pasó muy rápido entre relatos e historias… Gracias a nuestros alumnos por su excelente comportamiento.

Alberto Hidalgo, de 2º de ESO, nos ha dicho:

Me han gustado mucho los relatos, sobre todo aquellos que hablaban de sentimientos y virtudes de los seres humanos. El cuentacuentos era muy bueno, contaba muy bien las historias e interpretaba a los personajes. Uno de los relatos que más me gustó fue el que trataba del amor ciego…

 

Por otro lado, Yasmina Lavinia Nicolescu, también de 2º curso,  nos ha dado las gracias por esta actividad y nos pide que volvamos a realizarla el próximo curso.

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Concurso de Cuentos navideños 2016-2017. Ganadores.

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Esto son los ganadores del concurso de Cuentos navideños de este año. Enhorabuena a todos y, especialmente, a los ganadores.

Primer premio,  Eduardo Sáenz Sacristán, 3º ESO

 

MARTÍN, GONZALO Y BENJAMÍN

“Una historia os voy a contar y debe ser oída en fechas de Navidad:
Unos cuantos inviernos atrás, en un lugar muy lejano, compartían su
infancia tres niños llamados Martín, Gonzalo y Benjamín. Martín, era
el mayor de los tres, apenas tenía 15 años y ya le asomaba la barba,
era serio, fuerte y confiaba mucho en sí mismo; Gonzalo, tenía un fino
cabello rojo como el atardecer, era el más tímido, pero también el más
astuto; por último, Benjamín, tenía la tez oscura como la noche, pero
un rostro sereno y avivado con unos grandes ojos saltones, era el
menor de los tres, pero también el más valiente y audaz. Juntos
pasaban grandes ratos, se conocían a la perfección, se querían como
hermanos.En su pueblo se narraba una historia muy bien conocida ya por
los tres muchachos, hablaba de sus antepasados: al parecer, los tres
tatarabuelos de los niños eran grandes sabios que emprendieron un
largo viaje hasta las tierras de Jerusalén para adorar al niño Dios.
Martín, Gonzalo y Benjamín se llevaban muy bien y compartían la misma
inquietud: ¿sería cierta la leyenda de la que tanto les habían hablado
sus familias? Sólo había una forma de averiguarlo, y los tres llegaron
a la misma conclusión, viajarían hasta Jerusalén para comprobar si
existía una narración similar entre los jerosolimitanos, si era así,
podrían sentirse orgullosos de sus antepasados sin tener ningún tipo
de duda ni desconfianza. Después de explicarles a sus familias la idea
del viaje, éstas les dieron su consentimiento. Pero a quienes más les
costó decidirse a partir, ya que se les hacía muy dura la idea de
pensar en dejar atrás a sus familias y a sus otros amigos, fue a los
niños. Martín, acababa de entrar en el trance de la bella flor de la
adolescencia y como consecuencia, no paraba de pensar en una de sus
amigas. Gonzalo tenía un perrito al que cuidaba todos los días como si
fuese su bien más preciado. Benjamín, por su parte, simplemente sabía
que iba a echar mucho de menos a los suyos, sin embargo, se moría de
ganas por comenzar esta nueva aventura y salir de su tierra para
conocer mundo.
Y por fin, en una fresca mañana de otoño, emprendieron el tan ansiado
viaje que les revelaría la verdad sobre la leyenda de los tres sabios.

El primer día, atravesaron la comarca y entraron en otra provincia, fue
una jornada soleada, digna de un comienzo de buen augurio. Los días
posteriores llegaron acompañados de un poco de lluvia, pero en ningún
momento el sol dejó de iluminar el camino de los tres jóvenes. Después
de algunas semanas el avanzado otoño se hizo notar valiéndose de
fuertes vientos que sacudían los árboles para hacerse con toda su
producción anual de hojas. Hasta entonces a los tres muchachos no les
habían faltado provisiones, cuando el camino les llevaba a algún
pueblo, ayudaban allí al vecindario a cambio de alojamiento durante la
noche y algunos víveres para los días próximos. En algunos de los
pueblos a los que habían arribado, preguntaban a sus lugareños acerca
de la leyenda de sus antepasados, y en algunos incluso les dijeron que
sus tatarabuelos, al igual que ellos, se habían hospedado allí. Cuando
caía la noche y no se encontraban cerca de ningún pueblo, buscaban una
zona refugiada y dormían ahí, montaban turnos de guardia para
protegerse y mantener viva la hoguera.

A medida que iban pasando los días, los tres niños se encontraban más
lejos de sus hogares, pero ellos ya lo habían asumido, estaban muy
unidos y sabían que debían estarlo, el viaje les hizo madurar, les
enseñó a ver las cosas desde distintos puntos de vista, vieron
distintos lugares, conocieron personas muy diferentes y comprendieron
que en la vida, lo único que comparten todas las culturas por muy
distintas que sean es el amor, algo que ellos ya conocían, y que
habían aprendido a anteponerlo a sus necesidades  ya que era la clave
de su unión, por eso cada vez se les hacía más fácil convivir a pesar
de las carencias de provisiones o demás materiales, porque cuando uno
de los tres caía, los otros dos lo levantaban, partieron de su aldea
como tres pequeños amigos, y ya se habían convertido en tres buenos
hermanos. Y mientras Martín, Gonzalo y Benjamín confirmaban el pasado
de sus ancestros, el otoño había perdido ya la potencia de sus vientos
y se había implantado el frío y el espesor de la niebla invernal.

Una blanca mañana de
diciembre, los tres jóvenes llegaban a una ciudad bajo una intensa
nevada que hacía ya un par de horas, había cubierto las calles. En la
plaza, un grupo de niños de no más de ocho o nueve años se tiraban
bolas de nieve envueltas en grandes carcajadas, sin embargo, Martín
vio a un niño sentado en un muro al que otro niño le pasaba bolas de
nieve para que éste no se perdiese la divertidísima batalla. Martín
fue y le preguntó por qué estaba subido en ese muro, el niño le dijo
que tenía un agujero en el zapato y si pisaba la nieve, se le quedaría
el pie tan frío que no podría correr. Entonces Martín, sin pensárselo
dos veces, subió al pequeño en su caballo y lo llevó hasta el zapatero
del mercado,le compró unas botas y le dio una bola de nieve, el niño,
lleno de emoción, abrazó a Martín, le dio las gracias y se perdió por
la nevada entre risas y saltos.

Esa noche, antes de irse a dormir, Martín
compartió su experiencia con Gonzalo y Benjamín, les confesó cómo el
abrazo del niño le había hecho sentir una sensación que nunca antes
había conocido, algo así como una hilaridad enorme e instantánea, a
partir de ese momento, Gonzalo y Benjamín intentaron hacer felices a
los demás para poder experimentar el mismo sentimiento que su amigo
Martín. Y efectivamente, era tal la satisfacción que sentían al ver
una sonrisa que llevaba su nombre que se propusieron hacer de aquellas
navidades las mejores para todos los niños y niñas que encontrasen en
su camino. Para ello, decidieron trabajar en los pueblos que visitaban
y así ganar algo de dinero para comprar varios regalos y algo de
comida que dejaban en las casas más pobres, para repartir los regalos
sin ser vistos, esperaban a que el sol se pusiera y la gente se
durmiese, entonces se colaban por las ventanas y dejaban los regalos
junto a la chimenea.

En su viaje fueron acumulando juguetes e ilusión
para repartir entre la gente. Incluso conocieron a un señor un tanto
peculiar de camino a Jerusalén, decía llamarse Nicolás, llevaba un
gran saco, marcaba una enorme barriga, vestía de verde, lo acompañaba
un reno constipado y no paraba de repetir: “¡Feliz Navidad! ¡Ho, ho,
ho!”

Una semana más tarde llegaron a Jerusalén, era 5 de enero, y tras la media
noche, llenaron las casas de la ciudad con su amor y su ilusión. Los
días siguientes, se dedicaron a preguntar a los vecinos acerca de su
propósito principal, que hacía ya semanas había quedado en un segundo
plano.
Y al fin, se hicieron con una respuesta: la leyenda, era cierta”.

 

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Primer accésit para Nicolás Díez Andrés, 1º ESO.

EL BELÉN VIVIENTE

Como todos los años, el 21 de diciembre, la familia Pérez ponía el Belén.

-¡Yo quiero poner al niño! –Decía Marta.- ¡Mira que bonito queda!

Así, tras tres horas de trabajo, dos bolsitas de musgo, medio litro de agua para el río, cinco metros cuadrados de papel cielo, muchas lucecitas y mucho, mucho esfuerzo, les quedó un belén muy, pero que muy bonito. Acabaron muy tarde y se fueron a dormir. Pero aquella noche no fue como las demás noches. Aquella noche ocurrió algo muy especial: exactamente a las dos y veintitrés de la noche… ¡el belén cobró vida! Sí, lo que acabas de leer, ¡cobró vida! El niño Jesús comenzó a llorar, la mula y el buey a comer, el pastor a caminar y los hornos a desprender luz; en los que se quemó el pan. Pero aquello no les gustó (a las figuritas, la familia Pérez aún no lo sabía) A ellos les gustaba más la fiesta. Así que organizaron una reunión.

-¿No os aburrís de hacer todos los años lo mismo?

-Sí, y además es solo en Navidad. ¡El resto del año encerrados en una caja!

– Y esas luces espantosas, ese suelo de papel y esa agua estancada que no limpian nunca.

¡Organicemos una fiesta!

Así lo hicieron. Formaron una cadena “humana” (no son humanos) para llegar hasta el suelo y llegaron hasta la nevera. Allí cogieron sorbitos de Kas y Coca-cola; migas de pan y mordisquitos de queso. Cuando regresaron montados en los animales (veinte minutos a galope), montaron una fiesta en el establo, decorándolo con muchas luces. Pasaron toda la noche bailando, comiendo y bebiendo, mientras los animales esperaban fuera. Pero, claro, los humanos no los podían descubrir, por lo que había un encargado mirando el reloj de John. A las siete y cuarto de la mañana, el encargado les avisó y tuvieron que parar. Otra vez a permanecer inmóviles un día entero.

A las doce y media de la noche, el padre se fue a dormir. Esperaron un poco hasta oír los ronquidos, señal de que estaba profundamente dormido. Este día (bueno, noche) querían ir aún más lejos con su fiesta. Fueron a la habitación de Marta y John y cogieron unas piezas de Lego, incluida una pieza inteligente de Lego Mindstorms. Una vez en la mesa del belén, se pasaron una hora y media montando un parque de atracciones. Había noria, montaña rusa, casa del terror, zona de tiro con arco… Esta vez, el encargado les avisó a las seis y media, pues tenían que desmontar. Y vuelta al aburrimiento.

Al irse a dormir Javier (el padre), volvieron a por las piezas del parque de atracciones. Tres cuartos de hora más tarde, cuando lo tenían a medio montar, Marta se despertó a beber agua y descubrió aquel espectáculo. Imagínate la cara que puso. Se asustó tanto que tiró a San José al suelo, sin querer, claro. Tras diez interminables minutos, Marta se fue a dormir. Aliviados y asustados a la vez, los habitantes del belén crearon un equipo de rescate: la virgen María, por su inteligencia; los Reyes Magos, por

sus poderes; el ángel, para tener vistas aéreas; varios pastores, como soldados y para hacer bulto; y el niño Jesús, por su tamaño. ¡Ah!, y la mula y el buey, por su asombrosa fuerza y para llevar cargas. Y emprendieron el viaje. Bajaron por el cable de las luces. Al llegar al suelo, decidieron ir hacia el salón. Anduvieron durante muchísimo tiempo, sorteando muchos obstáculos, como las rendijas entre el parquet, las pelusas, el “viento” que se colaba bajo las puertas cerradas y algún que otro bichito.

-¡No puede ser, esto es interminable! -se quejaba Gaspar. Y es que echaba de menos las fiestas que habían montado las anteriores noches.

-¡Cuidado! -gritó de repente un pastor bastante avispado. Y con razón, pues el gato que dormía en aquel salón se había despertado y avanzaba lentamente hacia el escuadrón de rescate. Rápidamente, el equipo se puso a idear una estrategia para distraer al gato. Al acabar, la virgen María cogió una pelusa de polvo que había en el suelo y la comenzó a enrollar hasta formar algo parecido a una madeja de lana, a la que unió otras cuantas pelusas para aumentar su tamaño. Cuando finalizó su trabajo, se acercó al gato, arrastrando la madeja.

-¡Mira! ¡Mira que madeja tan bonita! –decía con voz dulce.

Cuando el gato cogió la madeja, se puso a jugar con la virgen. Todos los demás aprovecharon la distracción del gato para seguir avanzando. Poco después llegaron a la alfombra. La alfombra era para ellos una selva interminable de polvo, pelusas, pelos y tropezones. Tras un rato de dura caminata, encontraron a San José. Se había roto el brazo al caer en la alfombra. Lo subieron al buey y comenzaron el camino de vuelta, pero en ese instante asomó por la puerta del balcón el primer rayo de sol del día. Sonó el despertador de Javier y la familia se despertó para ir a desayunar. Las figuritas aprovecharon que los humanos estaban en la cocina para ir hasta la mesa del belén, pero poco después Marta fue al salón a coger las zapatillas.

-¡Corred! ¡Bajo la mesa!

Corrieron a hacer lo que les habían indicado, pero ya era demasiado tarde, la niña ya estaba chillando de nuevo. Como era de esperar, al instante llegó su familia. John se agachó a intentar cogerlos, Javier cogió una zapatilla y los intentó aplastar, confundiéndolos con bichos; y Celia se desmayó. Estuvieron media hora hasta que tanto John como Javier quedaron exhaustos. Uno de los pastores se aventuró y se acercó a John. John, en vez de destrozarlo como imaginaba el pastor, se dedicó a estudiarlo. Celia se despertó y corrió a llamar al laboratorio más cercano para comunicarles que se les habían escapado unas figuritas de belén vivientes, pues no se dio cuenta de que esas eran sus figuritas de su belén, pero John se lo impidió, porque advirtió el parecido. Después, el pastor (los demás seguían escondidos) les explicó que esto no lo podían saber los humanos, porque era un secreto que llevaban ocultando todos los anteriores belenes que habían cobrado vida. Cuando ya se hubieron tranquilizado todos y los Pérez habían desayunado, les pidieron que les montaran el parque de atracciones que tanto les gustaba, esta vez con nuevas secciones como el laberinto de espejos o la caída libre. Y así pasaron un día muy divertido, las figuritas en el parque y la familia disfrutando de la Navidad, pues ese día era 25 de diciembre.

EPÍLOGO

Cuando llego el día de Reyes, también aparecieron unos regalos bajo el árbol para las figuritas. ¿Adivináis qué era? Eran unos sets de lego para que montaran el parque de atracciones. Lo montaron en el trastero y allí se quedaron para siempre disfrutando de lo que más les gustaba: el parque de atracciones del Belén viviente.

Nicolás Díez Andrés, 1º Bdsc07935

 

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Segundo accésit para Naiara Menéndez Guirado de 2º ESO.

 

     Una Navidad diferente

-¡A tu cama!- Escucho a mi madre gritar desde el salón. De mala gana, subo las escaleras que separan la primera planta de la segunda. Entro en mi habitación y, acostumbrada de mis muchos posters esparcidos por las paredes, me tumbo en la cama. Me descalzo y me tapo con el edredón, ese que tanto me gusta ya que huele a mi padre. Giro la cabeza, recostándola mejor sobre mi cojín. Con cuidado dejo mis gafas sobre la mesita, en la que reposa una foto mía y de mi padre.

Sigo echando de menos esos momentos en los que jugaba con él a las construcciones, o a los mecánicos… Una lágrima cae por mi mejilla mientras los pensamientos siguen rondando por mi mente. Apenas lo veo, pues siempre llega muy tarde de trabajar.

Inconscientemente, cierro los ojos y caigo dormida. Un aire cálido da en mi cara, haciéndome despertar. Veo a una chica de ojos de distinto color, azul y marrón. Tiene unos rasgos finos y su cabello es violeta. Me froto los ojos, y me incorporo bruscamente, haciendo que la muchacha, de no más de dieciocho años, se aparte, sentándose de nuevo a los pies de mi cama. La luz de mi lamparita está encendida:

-Hola Carlota- Su voz es suave y melodiosa.

-¿Quién eres?-Inevitablemente, llevo la mano al colgante de mi cuello. Siento como la fría piedra roza mi mano haciéndome estremecer y la sonrisa de la desconocida se hace aún más amplia.

-Zafiro,- dice – bonita piedra ¿verdad?

Se levanta cuidadosamente de mi cama, y sale al balcón. Decido seguirla, y me siento en el pequeño banco de piedra que se encuentra en el centro. Miro hacia arriba:

-Qué pena,- escucho que comenta – hoy las nubes no dejan ver las estrellas. Aún recuerdo cuando me tumbaba con mi padre sobre la hierba y las observábamos, que lejanas parecían entonces. Me contaba hermosas historias, de cómo nacían y de cómo morían, pero nunca supe si eran verdaderas, pues un día ya no estaba ahí para contármelas.

-¿Cómo te llamas?- Le susurro a la nada. Pues eso que acaba de relatar se parece bastante a mi vida.

-Carlota,- me dice – soy la futura Carlota.

Sonríe, pero ya no es una sonrisa alegre, sino una triste, de esas que me dedica mi madre cada vez que le pregunto dónde está papá y si va a volver.

-Bueno,- con el dorso de la mano se seca una lágrima que estaba empezando a caer por su mejilla y se acerca a mí – pequeña yo, es hora de mostrarte algo.

Me toma de la mano y siento una extraña sensación de opresión sobre mis costillas. Tomo una bocanada de aire justo cuando pienso que me voy a asfixiar:

-¿Te encuentras bien?

-Sí, gracias.

Giro la cabeza, pues sigo sentada en mi querido banco de piedra. Me observo a mí misma por el gran ventanal de mi cuarto levantándome de la cama y saliendo por la puerta, pero siendo mucho más pequeña.

-Vamos.- Me dice mi yo futura. Me levanto y la sigo, agachada tras los tupidos arbustos de mi balcón.

-¡Papá!- Escucho. Asomamos un poco la cabeza, mi alto y robusto padre me está abrazando en este mismo instante y yo me estoy riendo con esas características carcajadas que suelto cuando estoy muy contenta.

Mi madre nos observa apoyada sobre el quicio de la puerta también sonriendo.

-Bueno venga, vamos a cenar que se enfría todo.

Asombrada miro a Carlota, ya que se han sentado en una mesa con muchos manjares:

-¿Qué día es hoy?

-25 de diciembre de 2009

-¡¿De 2009?!- Chillo sin poderlo evitar, arrepintiéndome al momento, pues mi madre se ha asomado por la puerta que da al jardín, descubriéndonos al instante. Se acerca a donde nos encontramos y nos hace salir. Al punto noto que la piedra de mi cuello empieza a brillar y que la de la otra Carlota hace lo mismo.

Desde aquí escucho a mi yo de seis años decirle a mi padre:

-Papá no me dijiste que la piedra brillaba.

Miro a mi izquierda, y la muchacha me dirige una sonrisa, mientras me señala su colgante, que también brilla.

Pestañeo.

Al abrir los ojos me encuentro con una escena completamente distinta. Me estoy mirando en el espejo, llevo un vestido largo, de noche; mi largo cabello, el cual yo recordaba marrón, ahora es violeta y me cae en cascada por la espalda hasta la cintura. Mis ojos, uno marrón y el otro azul, están maquillados, pero no en exceso.

-¡Carlota se enfría la cena!- El corazón me da un vuelco, el que me ha hablado ha sido mi padre.

Bajo las escaleras corriendo, en el último escalón tropiezo y caigo al suelo. Mi madre me levanta.

Nos sentamos a la mesa:

-Que aproveche.- Digo, y se me ocurre preguntarle a mi padre por el trabajo

-Papá,- comienzo – ¿qué tal el trabajo?

-¿Qué trabajo?- Pregunta de vuelta.- Todavía no me han hecho la entrevista, pero tranquila, que es desde casa.

Sonrío feliz, mi madre también sonríe, y mi padre está con nosotras. ¿Qué podría ir mejor? La familia está de nuevo unida para Navidad.

Naiara Menéndez Guirado, 2º ESO.

 

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Concurso de cuentos navideños. Curso 2015-2016.

Estos son los ganadores del presente curso:

CATEGORÍA BACHILLERATO

 Primer premio

 Zoe Pascual Jiménez de 2º de Bachillerato, con el cuento titulado:

“Ama tu kaos”.

 

CATEGORÍA  PRIMER CICLO DE ESO

Primer accésit

Naiara Menéndez Guirado de 1º de ESO, con el cuento titulado:

“El principio de la magia”

 

Segundo accésit

Víctor Pérez Contreras, con el cuento titulado.

“Fabricando ilusión”

 

Tercer accésit

María  González García, con el cuento titulado:

“Navidades  en familia”

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A continuación , puedes leer los textos que nos han enviado Zoe Pascual y Naiara Menéndez. Gracias a todos ellos y animaros a seguir escribiendo.

Hasta la próxima convocatoria….

 

Ama tu Kaos

Zoe Valdés.

2º Bachillerato.

Esto podría ser  una historia corriente; la historia de una vida. Cuenta como mi percepción de ella ha ido cambiando en los últimos años. En esta historia no aparecen princesas, dragones ni seres fantásticos, ¿o quizá sí…?

Sentado en el sofá viendo la tele espero que llegue mi familia, la cena ya está preparada. Coloco los últimos adornos y todo está listo. Por estas fechas siempre suelo añorar los buenos momentos pasados.

Recuerdo con ilusión cada una de mis navidades cuando era pequeño, las semanas previas escribiendo la carta a los Reyes Magos, comidas familiares, la angustia por los días que no pasaban cuando parecía que el Día de Reyes no llegaría  nunca. Más reuniones familiares y por fin, la esperada noche. Apenas conseguías dormir. Te levantabas muy temprano, preguntándote si realmente habías sido bueno. Al ver los regalos en el salón saltabas de alegría y pasabas horas montando los juguetes e inventando fantásticas aventuras.

 

Fueron  pasando el tiempo y  las ganas de estudiar. Ya de adolescente la cosa cambió. Las navidades también las esperabas con ganas: dejar por unos días de estudiar y olvidar el instituto. Como cada año, aburridas comidas familiares y  Nochevieja, solo querías comerte las uvas, brindar y empezar un año nuevo divirtiéndote fuera de casa. Buenas expectativas, ganas de comerte el mundo, experimentar, pronto cumplirás dieciocho y sueñas con tener coche y todo lo que eso significa…

Llega la noche de “Reyes” hace años que dejaste de creer en esa mentira. Te levantas tarde por haber salido la noche anterior y lo único que quieres es seguir dentro del microclima que se ha formado en el interior de tu edredón. Finalmente  te despegas de las sábanas, abres los regalos, que no te sorprenden  y vuelves a la cama. Siempre has odiado el frío.

Vas cumpliendo años y dejas de ser aquel adolescente en efervescencia hormonal. Ves las navidades de otro modo, ahora te vuelve a ilusionar juntarte con los tuyos, preguntar qué tal os va. Conoces a los nuevos miembros de la familia y bueno ¿por qué no? Les presentas a tu novia. Conversaciones interminables a cerca del trabajo, estudios, viajes y  mil anécdotas.

Años después, ya has formado una familia, te has independizado y tiene unos cuantos críos dando guerra por la casa. Vuelven los nervios, las risas, montar el belén, decorar el árbol y poner la brillante estrella en lo más alto. Tienes que ayudarles con la larga lista  de la carta para los Reyes Magos. Ir a la cabalgata. Ver sus caras de asombro y el tembleque de sus piernas, no tiene precio. De algún modo te transportan a mi infancia.

Y entonces…lo comprendí. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que al fin y al cabo, fuera verdad o no, la ignorancia de la infancia te permite vivir la Navidad con ilusión y asombro a pesar de que, al descubrir el gran secreto, perdiste la esperanza y no entendías por qué llevabas toda la vida engañado. Por eso mismo puedes crecer y seguir disfrutando de esa noche a cualquier edad mientras consigas mantener despierto al Peter Pan que todos llevamos dentro. Y que solo unos pocos logramos mantener con vida al hacernos mayores. Normalmente las personas adultas no comprenden el mundo infantil y olvidan que ellos una vez fueros niños y que si quisieran podrían volver a serlo.

Tras la cena, rápidamente a preparar la leche, las galletas y el pan para los camellos. Todos a la cama  y a dormir. Subo al desván a rescatar los paquetes que escondidos han esperado durante semanas esta noche. Los coloco silencioso bajo el árbol en mitad de la noche, vigilando que la pequeña no se despierte. Unos cuantos caramelos en los calcetines que cuelgan de la chimenea, la bici azul para Dani, el balón para la pequeña Elisa, la nueva cama para nuestra gatito, el libro que mamá lleva esperando tanto tiempo. Termino reflexionando sobre la paradoja de cómo se avanza en la vida; al principio, uno cree en los Reyes Magos, luego ya no se cree en ellos y al final una se convierte en un Rey Mago…

Suena el timbre, de pronto mis pensamientos se esfuman, ya han llegado todos y la casa vuelve a llenarse de vida: hijos que viven para trabajar, nietos que estudian fuera y vuelven a casa por estas fechas. Por otro lado, esta nochevieja se presenta un poco triste. En los instantes previos a la media noche me planteo si tal vez sean estas mis últimas navidades con ellos. A mi edad es un pensamiento inevitable pero trato de mostrarme alegre y pedir mis mejores deseos para ellos. Se acaba la espera suenan las doce nos damos dos besos. Comienza un nuevo año con nuevos propósitos que todos sabemos que nunca llegaremos a  cumplir, pero realmente nos gusta engañarnos pensándolo.

 

 

El principio de la Magia.

Naiara Menéndez Guirado.

1º ESO.

Existieron una vez tres hadas que entre ellas eran totalmente distintas. Hannah, la primera, era la más mayor de todas; alta, delgada y estricta. Siempre tenía el ceño fruncido y rara vez sonreía. Naida, era, por el contrario, la más pequeña y sonriente. De mediana altura y regordeta. Fryda era la mediana y acostumbraba a poner orden entre sus conflictivas hermanas, pues ella era tranquila y no se dejaba turbar por cualquier cosa.

Un día, estando tumbadas en el sofá de su cabaña, con un libro entre las manos, las antenas de Fryda vibraron. Esta alarmada, se puso en pie y avisó a sus hermanas.

Fryda era la que percibía los peligros; Naida, podía leer los pensamientos, y Hannah sabía cuándo alguien estaba preocupado y el porqué.

Alguien llamó a la puerta, sobresaltando a las hermanas, y, cuando Fryda la abrió, se encontró a un joven arrodillado frente a ella. Unos harapos cubrían su cuerpo, y su pelo, sucio y desgreñado, le daba aspecto de vagabundo.

-¿Quién eres y qué haces aquí?- Preguntó Fryda. Al cabo de unos segundos, Hannah empezó a buscar por los cajones, hasta sacar de uno de ellos una bolsita que emitía un resplandor dorado y le dijo a su hermana:

-Hemos de ir a la aldea, han aparecido tres bebés en una barca.

-¿Es eso cierto?- Dijo Fryda al muchacho. Este no contestó, se limitó a asentir con la cabeza.- Gracias, puedes marcharte.

Naida cogió sus polvos adormecedores, por si acaso, y la mediana de las hermanas un brebaje verdoso, en su etiqueta ponía: BREBAJE CURA-HERIDAS.

Salieron de su hogar, con los gráciles movimientos de un hada, y se dirigieron a la aldea.

Tuvieron cierta dificultad para llegar, ya que se toparon con un duende que les hizo resolver un acertijo y, como era muy difícil, Naida lo roció con sus polvos.

Tras eso, pudieron llegar a la aldea, donde fueron muy bien recibidos, ya que eran las únicas hadas del reino y los aldeanos sabían que debían tratarlas con amabilidad.

Les condujeron a la plaza, donde una mujer daba de comer a los recién nacidos.

Las hermanas hicieron un círculo alrededor de las cunas y comenzaron a recitar:

-Estamos aquí para dar nuestra bendición a tres hermosos niños que esperan su don. Ayudarán a mucha gente que, con ansiedad, esperan los regalos que ellos les puedan dar.

Cuando acabaron, se acercaron aún más a las cunas y la primera que habló fue Fryda:

-Tú con tu piel negra, mi niño adorado, donarás dinero a quien más lo ha rogado. Tú nombre será Baltasar, así los niños tendrán a quien rogar.

La siguiente fue Naida:

-Niño de cabellos rubios, con tus manos fabricarás incienso que, solo para curar, utilizarás. Te llamarás Gaspar, con la esperanza de que serás el que más va a ayudar.

Por último, habló la mayor de las hermanas:

-Melchor te llamarás, y tu cabello nevado a identificarte te ayudará. La mirra que tú mismo fabricarás, para medicina servirá.

Satisfechas con su trabajo, dijeron a los aldeanos:

-Sus coronas resplandecerán en las casas de muchos niños en un futuro no muy lejano.

E, instantes después, desaparecieron.

En la aldea, la llegada de los niños se celebró con una espléndida cena.

En la cabaña de las hadas, que habían vuelto a tumbarse a leer, reinaba el silencio, un silencio que poco después rompió Hannah:

-Alegrarán a muchos niños- Aseguró.

-Sí, lo harán-Dijeron al unísono sus dos hermanas.

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-Papá, ¿es verdad?- Pregunta Carlota.

Su padre, cerrando el libro, le contesta:

-Lo es si tú lo crees, pequeña y ahora descansa que sino no vienen esta noche los Reyes.

Mientras cerraba la puerta de la habitación de su hija, sonrió al imaginar lo contenta que iba a estar a la mañana siguiente su pequeña Carlota con los regalos de debajo del árbol.

 

 

 

 

 

 

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Ganadores del concurso de cuentos navideños. Diciembre 2017.

Este mes de diciembre, como en años anteriores, convocamos el concurso de cuentos navideños. La participación ha sido, más bien, escasa. Muchas son las distracciones y el trabajo … Ojalá que en próximas convocatorias haya más interés. Gracias a todos los que han participado .

Feliz Navidad a todos desde este departamento de Lengua y Literatura.

 

Estos son los ganadores:

Primer premio…………………Inés Montes Rubio. 2º  ESO A.

     La mañana de Navidad.

 

Accésit…………………………Diego Fernández  Payueta. 2º  B ESO.

     Una Navidad con milagros.

 

      LA MAÑANA DE NAVIDAD

Era la mañana de Navidad, me desperté en mi cama, fuera estaba nevando, me asomé a la ventana y estaba todo cubierto por la nieve. Todo estaba en silencio. Abrí la puerta de mi habitación y me asomé al pasillo, al parecer todos estaban durmiendo. Me puse mis zapatillas y mi bata y bajé despacio y sin hacer ruido, a la planta de abajo, al salón donde estaba colocado el árbol y seguramente los regalos que había dejado Papa Noel también.

Cuando entré al salón, acudió a mi nariz un olor que me resultaba familiar. ¿A qué olía? Puaf, luego lo pienso, me dije para mí. Lo primero es lo primero, a ver que regalos hay bajo el árbol para mí.

Comencé a apartar paquetes, por fin el mío. ¡Dios mío que nervios! ¿Qué me habrá traído Papá Noel? ¡¡¡Al fin una gran caja, Dios Mío!!! Parece el tren que durante años he estado pidiendo, por fin el regalo de mis sueños, qué ganas de ir a despertar a todos para gritarles que es el regalo soñado, que por fin Papá Noel me ha hecho caso, que se ha acordado de mí.

O quizás, ha sido porque este año he sido un niño estudioso, obediente, solo he matado unas pocas lagartijas en el jardín, bueno y también estaba lo de ese perro, en la fiesta de la tía Adela, que pinté de naranja y verde, la verdad que quedo muy chulo, pero la amiga de mi tía Adela por poco se desmaya cuando vio al perro, y bueno, creo que todos se enfadaron conmigo, estuve sin poder comer caramelos durante varias semanas. También estaba aquel día que me pegue con Juan y terminó en el río, todo manchado de barro, y aquella otra que papa me mandó regar las flores de mama y terminé regando a Juan. Bueno, pero también estaba el día que le di mis caramelos, y el que le hice los deberes de matemáticas, bueno, eso no sé, si está bien del todo, también cuando le ayudé a montar el mecano, le enseñé a andar en bici y me enfrenté con el matón del cole, que se quería quedar con su almuerzo. He sido un buen hermano mayor de Juan.

Con María también me he portado bien, no le he tirado del pelo, ni le he pegado nada, ni le he llevado grillos a la habitación, por la noche; como hice el año pasado. Bueno igual alguna vez no me he portado muy bien, como aquella vez que le escondí el libro que tantas ganas tenía de leer, o cuando le llamó aquel chico y yo no le dije nada, y aquella otra que le escribí una nota en un corazón y ella pensó que era del chico que le gustaba y luego le ponía ojitos, pero, tampoco mucho más.

Luego con papa he sido un hijo fantástico, he sido su ayudante cuando ha tenido que hacer chapuzas en casa. Salvo aquella vez que me dijo que no tocase un botón de la caldera de la calefacción, pero no pude resistirme y lo toqué, ¡la que se armó!, se fue toda la luz de la casa y luego salía agua por un tubo. A mamá le he ayudado menos veces, aunque con María y Juan hemos puesto y quitado la mesa, a hacer algún postre, también a recoger mi habitación, y he intentado no mancharme mucho, pero bueno ahí no lo he conseguido del todo, es que ¿quién se puede resistir a intentar coger unas lagartijas o perseguir algún ratón por el jardín? ¡Eso es imposible! Algún pantalón se ha roto también, pero sin querer.

Con el abuelo también he sido bueno, todos los días por la tarde, al llegar del colegio, cuando me sentaba a merendar, me contaba sus aventuras cuando estuvo en la guerra, y no le dije ni una vez que ya me las había contado mil y una vez y que ya estaba un poco harto de oírlas. Aunque cuando se ponía un calcetín de cada color, o se olvidaba la dentadura, o aquella vez que fue a dar un paseo en pijama, no le decía nada y me reía un poco, pero eso no es ser malo, un poco travieso, solo.

Vuelvo a ver mi regalo, ¡qué regalo!, ¡qué tren!, era el que veía en el escaparate, de la juguetería, el mismo, el grande, el que cuando estuviese montado, se movería por las vías. En este momento soy el niño más feliz del mundo. Tengo que ir a despertar a mi hermano Juan y a papá para que me ayuden a montar el tren. ¡Ya!

Subo corriendo las escaleras, llamando a Juan, que sale un poco malhumorado de su habitación, y también asoma por su puerta el abuelo, diciendo que ya se prepara para el combate, qué risa, no se entera de nada. Les digo que ya ha venido papa Noel, que ha dejado regalos para todos, pero para mí el mejor, mi tren, lo que le había pedido. Juan me empuja y va corriendo al salón. Papá sale de su habitación y se ríe al ver que Juan no puede correr más. Detrás sale mamá un poco despeinada, pero ¡qué guapa está siempre! María sale también deprisa y me mira enfadada, preguntándome si le he abierto sus regalos. Cómo voy a hacer eso, si yo tengo el mejor regalo que pueda tener un niño: mi tren.

Papá me dice que primero tienen que abrir ellos sus regalos, y luego me ayudará a montar el tren.

Cuando llegamos al salón Juan ya ha abierto su regalo, es el camión de bomberos que había pedido, rojo precioso, con sirena, luces, con todo. Es chulísimo. A María le han regalado unos libros y un diario. A mamá un jersey que tiene pinta de picar mucho, pero ella dice que es precioso, ¡¡puaf!!…   A papá le ha dejado una caja de herramientas, para reparar en casa las cosas. Y al abuelo unos guantes y una bufanda a juego, que dice le va ir fenomenal para cuando salga con sus amigos de paseo. Todos estamos muy muy contentos.

Es la mejor mañana de Navidad del mundo mundial. Todo es perfecto. Mejor imposible. Bueno sí, cuando termine de desayunar y papá y yo montemos el tren.

Nos colocamos en la mesa del comedor, empezamos sacando las piezas que tiene la caja. Poco a poco vamos montando las piezas, esto cada vez se parece más, al que hay en el escaparate de la juguetería. Vienen montañas, árboles, las vías, un puente, barreras, semáforos, estación, es muy chulo. Estoy deseando terminarlo y poder llamar a mis amigos para que lo vean; bueno a lo mejor no, porque Manuel va a querer cogerlo e igual lo rompe, porque todos sabemos que es el que rompe todo, pero si no los traigo a lo mejor no se creen que papa Noel me ha traído el tren. ¡Qué dilema! Ya lo pensaré luego.

Seguimos montándolo. Ya falta poco. De repente suena el teléfono, ¡Vaya! es para papá, la tía Adela, qué señora más inoportuna, ¡ala! a dejar de montar el tren para hablar con ella. Seguro que será alguna tontada, como siempre. ¡Jo, qué fastidio! ¡no calla!, ¡qué pesada!, además en su casa nunca deja Papá Noel nada para mí, ni para Juan; a María algunas veces le ha dejado algún pañuelo, o cosas así. ¡Venga papa qué mama ya está diciendo que enseguida vamos a tener que sentarnos a la mesa para comer! ¡Qué vamos a tener que recoger! No lo entiendo, ¿pero no ve, que no hemos terminado?, y ya nos dice que recojamos, todas las madres son iguales, son unas pesadas,” recoge, recoge,” Por fin, papá ha colgado el teléfono. Vaya ahora va a hablar con mama, Venga papá, por favor, que no vamos a terminar…  Me dice que me tranquilice, pero como voy a estar tranquilo, si llevamos toda la mañana y no he jugado todavía con el tren, es que no lo entienden. Ya llega.

Damos los últimos retoques, hemos enganchado los remolques a la máquina, y ahora falta, enchufarlo, y ver si funciona. ¡¡Qué nervios, Dios mío!!

Llamo a todos, el abuelo a primera fila con Juan, yo no puedo más. Todos estamos expectantes. ¡Si! ¡Si!, ¡Si! ¡funciona!, va sonando, va andando por las vías, es lo más bonito que he visto nunca, por fin, después de tanto tiempo viéndolo en el escaparate, lo tengo en mi casa, es mío, para ponerlo y jugar cuando yo quiera. Esto es increíble, no puedo ser más feliz, miro a papá y luego a mamá, ellos se miran sonrientes, luego me miran a mí, y vuelven a sonreír, luego van mirando a todos. Se nota que todos somos muy felices. Que papá y mamá son felices, viéndonos ser felices.

De repente ese olor de nuevo, ¿a qué huele?,¿qué olor es ese?, ¡madre mía! es de los mazapanes en el horno que hacía Luisa, mi mujer. ¿Mi mujer?, pero ¿qué me pasa?, si estoy mirando el tren que me ha traído Papa Noel. Me pongo a mirar a todos los de mi alrededor, y veo otras caras, también felices, y ahora me doy cuenta. “No soy un niño, soy un anciano, qué al ver la felicidad de su nieto, ha vuelto a recordar una de las mañanas de Navidad más felices de su vida. Aquella mañana de Navidad, que Papa Noel me trajo el tren. Al igual que ahora a mi nieto.

Estoy feliz de ver a mi alrededor a toda mi familia: mis hijos, mis nietos y mi Luisa. ¡Qué felicidad! ¡Qué mañana de Navidad!

 

                                                                                Inés Montes Rubio, 2ºESO A.

 

 

                    Una Navidad con milagros

Érase una vez, en el Polo Norte, un hombre que todo el mundo conoce, trabajando en los regalos de Navidad.

Ya sabéis quién es: Papá Noel.

Todo estaba bien en el taller cuando, de pronto, las máquinas empezaron a pararse poco a poco, hasta que dejaron de funcionar sin ningún porqué. Solamente quedaban cinco horas para hacer el reparto a los niños y miles de  regalos quedaban por hacer; era prácticamente imposible terminar todos los regalos a tiempo. Pasaron dos horas y el problema no terminaba de solucionarse hasta que Papá Noel dijo:

-¡Tengo una idea!

Y se encerró en su despacho. Nadie sabía qué pasaba hasta que salió:

-Ya tengo una solución: he llamado a los Reyes Magos y ellos nos terminarán los regalos para la hora del reparto.

Pero lo que ellos no sabían es que los Reyes Magos le habían tendido una trampa.        Cuando ya era la hora de salir a repartir, Papá Noel llamó a los Reyes Magos, pero una y otra vez sin repuesta.

Y volvió la locura al taller de Papá Noel. Los duendes no sabían cómo ni por qué pero ese año sería una desastrosa Navidad para ellos.

Papá Noel, tuvo que ir a repartir con los pocos regalos que tenía.

Después de la entrega llegó  al taller  antes de  lo habitual  que en otros años.

Entró a su despacho y se sentó desanimado. Al poco tiempo, un duende llamó a la puerta y dijo:

-Señor hay una carta con su nombre.

Y respondió Papá Noel:

-Déjala en la mesa; ahora la revisaré.

Y el pequeño duende abandonó el despacho con poco ánimo como ellos estaban en ese momento.

Cuando Papá Noel abrió la carta, decía lo siguiente:

 

             Querido Papá Noel:

     No sé si sabrás quién soy pero eso no importa.

   Me comunico contigo para informarte de que el trabajo que no has podido realizar, lo he hecho yo.

                                                                                     Con cariño:

                                                                                     El Olentzero.

 

Papá Noel salió corriendo a avisar a los duendes. Los duendes no entendían nada pero lo que sí sabían era que les habían salvado la Navidad.

Al final, todos acabaron felices.

Los tres Reyes Magos se cambiaron de compañía de teléfono inmediatamente puesto que se descubrió que la llamada no había podido realizarse por problemas en la red.

 

Diego Fernández  Payueta.    2º  B ESO.

 

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Excursión a Burgos . Diciembre 2016. 3º ESO.

Como en cursos anteriores…dsc07913-2 dsc07915-2 dsc07919-2 dsc07921-2
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Celebración del Día del Libro. Abril 2016.

Como en años anteriores, el Departamento de Lengua y Literatura del IES Villegas, conmemoró el Día del Libro con las actividades que la editorial Vicens- Vives nos ofrece.

Raúl, nuestro Cuentacuentos, casi podemos decir, estuvo en las clases de 2º de ESO y en un 1º de ESO para relatar algunas historias.  También como en años anteriores, nuestros alumnos han tomado la palabra. Quiero agradecer su colaboración a todos ellos, especialmente a  los alumnos de  2º de ESO  por su participación. Esta es una selección de

Cuentacuentos.

Cuentacuentos.

sus opiniones.

Gracias a todos y hasta el próximo Día del Libro 2017.

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“El pasado día 18 de abril celebramos en el IES Villegas el Día del Libro. Raúl, un cuentacuentos, nos contó un par de historias bastante interesantes, que, aparte de entretener, enseñaban cosas, como la historia de La bahía encantada, que narraba la historia de un esquimal que fue a pescar a esa bahía y lo que pescó fue un esqueleto… (Miriam Lara, 2º ESO)

”  …Este cuento estuvo entretenido y además Raúl interactuó en todo momento con nosotros…” (Iván Palacios, 2º ESO)

“Los cuentos se hicieron muy amenos y divertidos. Los cuentos se hacían cada vez más reales ya que él los amenizaba con gestos y movimientos” (Janire Cruz)

Cuentacuentos en 2º de ESO.

Cuentacuentos en 2º de ESO.

“Los cuentos de este año eran de amor. Raúl nos dijo que el amor es ciego y que siempre tiene algo de locura” (Marta Domínguez, 2º ESO)

“Uno de ellos trataba  sobre los sentimientos, todos encerrados en una isla. Decidieron jugar al escondite, cada uno encontró su lugar….”

(Janire Cruz, 2º ESO)

“El amor se escondió detrás de unas rosas. La envidia movió las rosas y dejó al amor ciego y desde ese día la locura siempre le acompaña”

(María, 2º ESO)

“Lo que más me gustó fueron las moralejas y me parece que los cuentos son una muy buena manera de transmitir valores y enseñanzas. En ese caso, creo que el Cuentacuentos lo consiguió con mucho éxito. Por todo esto me gustaría agradecer la realización de esta actividad, así como felicitar al narrador por su trabajo…” (Celia Rodríguez, 2º ESO)

“En una valoración general, me ha gustado mucho y espero que siga viniendo muchos años más a nuestro instituto a alegrarnos el día con sus historias” (Raúl Bezares, 2º ESO)

“Me gustaría que pudieras venir más a menudo, en vez de sólo una vez al año” (Laura

Presentación Cuentacuentos.

Presentación Cuentacuentos.

Pérez, 2º ESO)

“Me gustaría que viniera el año que viene y que tratara temas de misterio, acción, miedo…. Pero me gustó…” (Sara Ruiz, 2º ESO)

“Me llamó la atención la capacidad que tenía para recordar las historias y contarlas con tanta naturalidad. Fue una experiencia muy divertida y entretenida. Me gustaría repetirla y aprender más historias” (Laura Ibáñez, 2º ESO)

” El pasado lunes , 18 de abril, recibimos la visita , en nuestro instituto, de un Cuentacuentos, conmemorando el  el Día del Libro y el cuarto centenario de la muerte de Cervantes  y Shakespeare. Fue muy divertido y los cuentos eran apropiados para nuestra edad.  Espero que esta actividad pueda seguir repitiéndose a lo largo de muchos años, me parece muy apropiada” (Eduardo Sáenz, 2º ESO)

“…. Nos quedamos esperando más  cuentos para el año que viene ” (Paula Fernández , 2º ESO)

 

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Rutas literarias. Ruta del Cid.

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    El pasado mes de diciembre realizamos esta actividad con los alumnos de 3º de E.S.O y de 1º de Bachillerato.

 

DSC07184 En primer lugar visitamos Vivar del Cid, allí visitamos el monasterio  de  de Santa Clara    y leímos algunos textos.

A continuación ,  nos dirigimos a San Pedro de Cardeña  y a la Cartuja de Miraflores. Los profesores acompañantes explicaron algunos datos históricos para que el alumnado contextualizara los textos literarios que se leyeron a continuación.

Para finalizar, llegamos a Burgos,  visitamos algunas curiosidades de la catedral y nos dirigimos hacia la antigua iglesia de Santa Gadea, donde se leyó el famoso romance que lleva este nombre.

Hemos querido dejar constancia, con este breve texto y con las fotografías realizadas a nuestros alumnos, del día de convivencia con el que despedimos el trimestre .

 

El Cid Campeador: ese agente doble que luchó a favor y en contra de moros y cristianos.

Uno de nuestros tres personajes literarios más importantes, junto con Don Juan Tenorio y Don Quijote de la Mancha es El Cid Campeador, personaje histórico y literario a la vez.

Nacido en 1043, en Vivar, se educó junto con el infante Sancho II de Castilla, a cuyas órdenes luchó desde que éste fue proclamado rey hasta su muerte, en 1072. Pertenecía a una familia de la baja nobleza castellana.

En 1062, a los 18 años, fue nombrado caballero. En 1066 el rey le nombra portaestandarte de los ejércitos castellanos. En estos años se ganó el apelativo de Campeador, que deriva de campi docto, es decir, maestro de armas en el campo de batalla.

Tras la muerte de Sancho II, entra al servicio del nuevo rey, Alfonso VI.

En 1074 se casa con Jimena, hija del conde de Oviedo, con ella tendrá tres hijos: Cristina, María y Diego (éste último fallecería posteriormente en la batalla de Consuegra).

En aquel tiempo, los reinos de Taifas se habían convertido en vasallos de los reinos cristianos a los que debían entregar abundantes tributos o parias. Esta peculiar forma de convivencia trajo múltiples disputas en las cuales el Cid tuvo que intervenir; ello le granjeó la envidia de muchos caballeros que no veían con buenos ojos el prestigio que iba adquiriendo nuestro héroe.

Por otro lado, Alfonso VI nunca mantuvo buenas relaciones con su mejor capitán, debido, entre otros motivos, a la humillante jura de Santa Gadea (en la cual Alfonso VI tuvo que jurar que no había tenido nada que ver en la muerte de su hermano Sancho II), todo ello determinó su exilio en dos ocasiones.

Combatiendo en la Taifa de Zaragoza se ganó el apelativo de Sidi (Señor), Cid, al conseguir la victoria en más de cien combates a lo largo de cinco años. Después se dirigió a Valencia y conquistó la ciudad en 1094.

Finalmente se reconcilió con el rey. Sus hijas se unieron a los linajes reales de Navarra y Barcelona.

En 1099 contrajo unas fiebres mortíferas que le arrebataron la vida, falleció a los 56 años.

La figura de este paradigmático guerrero quedó ensalzada debido, además, al Cantar de Mio Cid, el cantar de gesta más antiguo de la literatura castellana. Desde su creación en 1140 a cargo de un juglar anónimo de Medinaceli, hasta nuestros días, el Poema de Mio Cid ha sido uno de los documentos que más ha hecho soñar a distintas generaciones.

En 1304 el monje Pere Abbat transcribió a manuscrito este cantar, del que sobreviven 3.700 líneas evocadoras de un tiempo fundamental en la Historia de España.

Su figura y hazañas le han hecho protagonista de numerosas obras literarias en Europa.

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